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04 diciembre 2010

Yoji Sakamoto: “Soy un mal cliente para los doctores”

Prefiere hablar de su predilección por los frijoles a la hondureña y de su estilo de vida que de sus títulos y los honores recibidos como maestro de karate. Yoji Sakamoto es el único japonés residente en San Pedro Sula, adonde llegó hace 38 años de la mano del ahora actor de cine, Fumio Demura.

No sabía decir ni agua en español cuando comenzó a dar clases de karate en el gimnasio de Jorge Andonie quien, junto con Demura, lo introdujeron en el ambiente deportivo sampedrano de aquel entonces.

Como sabía inglés, se valía de los niños bilingües que eran alumnos suyos para hacerse entender. “El español lo fui aprendiendo como aprende a hablar un bebé”, recuerda ahora Sakamoto quien tiene su propia escuela de karate en la colonia El Roble.


Con Demura participaba en shows de karate en parques de diversión de Los Ángeles, antes de venir a Honduras. Pocos años después su amigo llegó a intervenir en la serie de Karate Kid, sirviendo como doble al actor Pat Morita.

Esto fue seguido de otras muchas apariciones en películas como “Mortal Combat” y “Rising sun”.

Talvez Sakamoto también hubiera llegado a ser actor porque se desenvolvía en aquel mundo donde tuvo la oportunidad de alternar con personas que después fueron estrellas de las artes marciales, como Steven Seagal, pero se apasionó más por el karate como disciplina deportiva.

Incluso, es del criterio que algunos de los artistas que figuran como estrellas en esos filmados, no saben mucho de karate como es el caso de Ralfh Macchio que hace el papel de Karate Kid. “Los grandes saltos se hacen a puro efecto de computadoras”, dice Sakamoto.

Destructor de autos

Siendo muy joven el ahora maestro de las artes marciales, dejó su nativa comunidad de Saitama cerca de Tokio, para probar suerte en Estados Unidos y luego en Honduras.

Recordó que en su país aparte de dar clases de karate, trabajaba en el departamento experimental de la Nissan, que se encargaba de poner a prueba los nuevos modelos de autos que saldrían al mercado.

“Los chocaban o los corrían a más de 150 kilómetros por hora para poner a prueba cada pieza antes de que el modelo fuera vendido al público”.

Relató que en más de una ocasión a él le tocó conducir uno de esos carros a velocidades de vértigo, con el consiguiente miedo que cualquier mortal puede sentir en esas condiciones.

Que diferencia con la forma sosegada en que ahora conduce su vehículo particular por las calles de San Pedro Sula, guiado por la serenidad que le han dado los años. “Ya pasó la emoción de la juventud”, comenta Sakamoto.

La disciplina de las artes marciales también le han enseñado que es mejor evitar una riña aunque lleve las de ganar, pues después vienen los rencores que pueden convertirse en agresiones mortales.

Precisamente el karate es ideal para las personas coléricas porque las transforma en personas pacíficas, capaces de poner la otra mejilla antes de comenzar a defenderse, dijo.

“No me enojo, yo a todos trato bien, respeto a toda la gente para vivir bien, con tranquilidad”.

Recordó que recién llegado a la colonia donde vive, uno de los vecinos lo saludó llamándolo “chinito”, lo cual hubiera molestado a cualquier otro paisano suyo, pues “los chinos y los japoneses no somos lo mismo”.

Sakomoto muy cortésmente le contestó: “¡hola indito!”. Ante el inesperado saludo el hombre le replicó enojado que él no era ningún indito. “Yo tampoco soy chinito”, dijo sonriente Sakamoto.

“Porqué enojarse, si allá también en Japón a todos los que son cheles les dicen gringos, aunque sean alemanes y a todos los latinos les dicen mexicanos porque no entienden las diferencias”, comentó.

Los años también lo han encerrado en su casa de dos plantas donde vive sin más compañía que sus pupilos en horas de clase. “No salgo, leo libros japoneses y voy una vez a la semana al supermercado, así no corro ningún riesgo y ahorro gasolina y zapatos porque en la casa ando en sandalias”, dice.

Aunque no es un experto cocinero, él mismo se prepara su comida improvisando recetas con lo que tiene a mano. “Es como una mezcla de comida japonesa y hondureña sólo para no morirme de hambre”.

Eso sí, cuando lo invitan a un restaurante lo primero que pide son platos típicos hondureños en los que no deben faltar los frijoles.

“Allá en Japón también hay frijoles como estos, pero son dulces porque les echan azúcar. Al único que no le ponen azúcar es a un frijol rojo que sirven en las bodas y cumpleaños, pero nunca son como los hondureños”.

Gracias a la vida sencilla que lleva y a los ejercicios que hace diariamente, Sakamoto disfruta de una salud que ya la quisieran muchos jovencitos.

“Tengo 20 años de no visitar una clínica. Una vez al año tal vez voy donde un odontólogo por un diente que me moleste”, expresa.

Admite que de repente puede tener alguna afección que no se le ha rebelado, pero que por el momento se siente bien por eso no visita a los médicos. “Soy un mal cliente para los doctores”, dice el karateca, quien elude referirse a su edad con una sonrisa.

Fuente: http://www.laprensa.hn

1 comentario:

martialbomb! dijo...

Sensei!!!!
SI el sensei siempre nos comentaba todos sus relatos!!!
espero ke lea esto sensei!!conteste sus emails!! lo extrañamos

Atte
karla andrea y toda la familia!!!

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