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12 noviembre 2010

Rubén García Cuadrado, Bicampeón nacional

Sergio Alberruche

Ocurre muchas veces: una cosa que empieza como algo pasajero se convierte con el tiempo en una afición duradera. Una situación que bien podría extrapolarse a la figura de Rubén García Cuadrado (Guadalajara, 18-5-1997).

No en vano, el joven azudense es una de las grandes promesas del karate español después de proclamarse los dos últimos años campeón de España de su categoría en la modalidad de Kata y ser llamado por la selección nacional para participar en una concentración en Salamanca (Castilla y León) con otros karatekas con un futuro prometedor. En cualquier caso, eso es ahora, en la actualidad, y la historia casi siempre hay que empezar a contarla por su inicio.


A los 5 años

De tal modo, habrá que retroceder ocho años, justo cuando Rubén García empezó a practicar karate en Azuqueca de Henares. “Salió de la nada. Dijo con cinco años que quería hacer karate y yo pensé que hoy era karate, mañana baloncesto, otro día fútbol; pero ahora tiene trece y mira lo que ha conseguido hasta ahora”, rememora Félix García, el padre del joven karateka. “De pequeño me gustaban las pelis de lucha y quería hacer karate. Me apunté y hasta ahora”, minimiza su hijo Rubén. Y prosigue: “En el primer campeonato que tuve quedé segundo y no me pareció muy difícil y seguí haciendo [karate]. Me gustaba y nada más”.

Pero lo cierto es que, repasando su trayectoria en estos ocho años, sí que hay algo más: un camino en busca de la perfección que le ha llevado a sobresalir sobremanera entre los karatekas nacionales. Así lo demuestran sus numerosos éxitos –entre los que se encuentran la condición de finalista en la modalidad de Kata en el Nacional por equipos del 2008 y sus victorias en prestigiosos torneos internacionales como el ‘Trofeo Diputación de Cáceres’, donde ha vencido en dos ocasiones, o el Trofeo Internacional de Escaldes-Engordany de Andorra– y, sobre todo, los dos entorchados nacionales de su categoría en la modalidad de Kata logrados el 2009 en Cáceres (Extremadura) y este año en Menorca (Islas Baleares).
“Cuando empecé yo no me veía que pudiera llegar a campeonatos de España. No me lo planteaba. Me conformaba con quedarme bien en Madrid y luego, cuando ya vi que fui al Campeonato de España, dije ‘parece que sí que se me da bien esto”, analiza el karateka entrenado por Eduardo Flores y que pertenece al Ciudad de Roma, un club madrileño. “La diferencia está en Madrid con Castilla-La Mancha, siempre hay más nivel donde hay más cantidad de deportistas, licencias, más campeonatos”, explica su padre Félix. Y añade: “Es sacrificado para él y más para los padres. Él lo está disfrutando, los padres lo disfrutamos pero conlleva tener que llevarle a Madrid lunes, miércoles y viernes a entrenar”. “El que algo quiere algo le cuesta”, sentencia.

Así, Rubén García compagina sus tres días de entrenamiento de alrededor de dos horas de karate con sus dos días de entrenamiento de fútbol y sus clases escolares sin que su rendimiento escolar se vea afectado: “Termino de comer y voy a hacer rápido los deberes que me mandan. Cuando los termino nos vamos a entrenar. Volvemos muy tarde de Madrid y a cenar”, enumera el azudense que tiene muy claro su decisión entre el karate y el fútbol: “Me gusta mucho hacer deporte y, como lo elegí desde pequeño, el karate lleva gustándome toda la vida. Me he quedado con el karate”, asiente. “Me gusta todo lo del karate”, incide.

Un ejercicio de concentración

Por ello, el azudense no duda en perfeccionar su karate en su casa o con clases magistrales –sin ir más lejos, el pasado sábado estuvo en Rivas Vaciamadrid en una clase con Iván Leal, el karateka español más laureado de todos los tiempos–. Sin duda, la modalidad de Kata –una secuencia de movimientos preestablecidos– requiere de esa entrega: “Es costoso llegar a la perfección. Hay mucho nivel y tienes que ir durante mucho tiempo entrenando y vas perfeccionando las posiciones, las técnicas, y al final llegas a un buen nivel y tienes que intentar dar lo mejor de ti en los campeonatos”, sugiere Rubén García. Y continúa: “En casa también entreno. Te motiva estar en los campeonatos y quieres seguir haciendo las cosas, entrenándolas en casa”.

No en vano, el azudense apunta las claves para poder realizar una kata perfecta: “La concentración, buena rapidez para los movimientos. Las posiciones y las técnicas tienes que hacerlas bien todas, tienes que tener bien las manos puestas, intentar no moverte, por mucho que tiembles tienes que aguantar y estar serio”. “Como llevas entrenando por partes y luego lo haces todo, ya te acuerdas. No sé cómo las hago: no las pienso, me salen solas. Es como poner el ‘play’ y hacerlo tú solo. Me salen así de repente. Si te quedas pensando no valdría, los árbitros te eliminarían”, mantiene el joven karateka.
“Tengo que mejorar en la respiración porque tengo una respiración muy floja y el aguante físico también porque me falta un poco de aguante. Velocidad sí que tengo”, se sincera Rubén García, que tiene su cuenta pendiente con el Kumite, la modalidad de combate: “Se me dan mejor las katas que los combates, porque las katas llevo haciéndolas desde que empecé y el combate llevo un año haciéndolo. En el Campeonato de Madrid quedé tercero y he ido al Campeonato de España, pero me gustan más las katas”, matiza.

¿Un futuro olímpico?

Así, Rubén García continúa con su progresión en la modalidad de Kata, mientras visualiza sus próximos objetivos: “Mi objetivo este año es intentar quedar otra vez campeón de España de katas y en combate intentar hacer algo”, adelanta el azudense, que incide en que “una de las claves para que me guste tanto el karate es que desde el principio vi que ganaba torneos”. “Te engancha aún más. Te dan ganas de seguir ganando campeonatos”, espeta.

Sin embargo, en cualquier caso, el karateka del Ciudad de Roma tampoco se olvida de objetivos a un mayor plazo: “A partir de cadete me gustaría hacer algo en el Campeonato de España para tener posibilidades de ir a los campeonatos de Europa y a los del Mundo –los Europeos y los Mundiales no se pueden disputar hasta edad cadete–”, vaticina. “Si el próximo año estuviera igual, tendría muchas posibilidades”, mantiene Rubén García.

Y es que el azudense no quiere detenerse allí y sueña todavía con un futuro todavía más lejano: ir a unos Juegos Olímpicos. “Nuestro sueño sería conseguir que el karate fuera olímpico”, comenta Félix García. Su hijo le da la razón: “Si fuera olímpico me gustaría ir a una Olimpiada”.
“Yo creo seguro que el karate alguna vez será olímpico”, especula Rubén García. “Con 13 años ya sueño con ir a una Olimpiada. Ves a gente mayor, ves las Olimpiadas, a la gente compitiendo por España...”, anhela el azudense. “O, aunque el karate no sea olímpico, cuando ves el Campeonato del Mundo, los ves y dices ‘me gustaría ser como ellos”, finaliza.
“Todo el mundo dice que lo mío es el karate”, insiste Rubén García. “A ver si vamos a algún Europeo”, desea. “Nos daríamos con un canto en los dientes, por lo menos por probar”, asiente su padre Félix. Y lo explica: “Con el de España iba a probar y mira. La verdad es que son experiencias que no las vive cualquier niño: con siete años fue a su primer campeonato de España por equipos”.

Unas experiencias que a Rubén García se las ha concedido el karate, un deporte, al igual que otras artes marciales, muchas veces injustamente tratado desde el desconocimiento. “Un deporte hay que verlo desde dentro, no desde fuera”, sugiere Félix García. “Algún amigo sí que piensa ‘debes ser una máquina y no me meto contigo porque me vas a pegar’, y yo le digo que no le voy a hacer nada. Se piensan que sabes mucho de pegar y cualquiera sabe dar un puñetazo. A lo mejor eres un poco más técnico, pero un puñetazo sabe darlo cualquiera”, le completa su hijo Rubén.

Porque el karate no es un deporte concebido para el ataque, sino que es un deporte lleno de normas éticas y de respeto. Y que ha puesto a Rubén García, tras un inicio anecdótico y años de entrenamiento, en la nómina de los jóvenes más prometedores del territorio nacional. “Siempre va a haber alguien mejor que tú, pero de momento en España no he perdido”, reconoce el karateka azudense.
“No sé si merece la pena. Solamente es por orgullo y el disfrute de ellos [sus hijos]. No es que vaya a llegar a ser nada, porque el karate es un deporte minoritario. Si fuese otro deporte de masas, a lo mejor el día de mañana... Pero es un deporte que al niño le ha gustado y ahí está”, culmina su padre Félix, que ha visto cómo su hijo pequeño Óscar “se ha picado” y ya da también sus primeros pasos en el karate. Quizá, algún día, esas palabras sean las del padre de un karateka olímpico.

Fuente: http://www.guadalajaradosmil.es

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