RECIBE LAS NOTICIAS DE KARATE-DO NEWS EN TU E-MAIL

22 julio 2010

La experiencia es segundo dan


José Juan Romo, de 70 años, es el karateca más longevo del gimnasio Complutense

Alejado del deporte mediático, los focos y la fama, hay multitud de centros deportivos con miles de historias dignas de ser contadas. Una de ellas es la de José Juan Romo, un karateka de 70 años que hace una semana consiguió el segundo dan, una distinción al alcance de muy pocos.

Dice su DNI que tiene 70 años. Su mirada y su vitalidad revelan muchos menos. Con 53 años, recién prejubilado y sin ninguna experiencia en ningún tipo de deporte, José Juan Romo decidió comenzar una aventura en el mundo del karate, alentado por su hijo, quien ya lo practicaba. Y así, de la nada, fue haciéndose poco a poco un nombre en el gimnasio Complutense, donde ya es toda una institución después de 17 años. Él lo resume todo de una manera breve y sencilla: “Yo me apunté, me gustó, y aquí me tienes: hecho un campeón”, comenta orgulloso.

Orgullo es lo que sintió el día 10 de julio, cuando realizó el examen para conseguir el segundo dan, algo que le costó mucho, según sus propias palabras, pero que todos los que le conocían sabían que tarde o temprano lo lograría, debido a su ilusión por seguir progresando.

Cuando recuerda sus inicios en las artes marciales, José recuerda que “fueron duros, son duros ahora y seguirán siendo duros”, resumiendo la filosofía de este arte marcial, en el que la mente puede sobre lo físico. Precisamente por la voluntad se explica gran parte de lo logrado por este septagenario complutense. No falta ningún día al gimnasio, y cuando puede, se apunta con Javier Gómez, profesor del gimnasio, a todos los cursos de defensa personal que se imparten en la Comunidad de Madrid, aun a costa de sacrificar sus fines de semana.

Pasó un poco de nervios antes de realizar el examen de segundo dan, aunque rápidamente se centró en el modo de superarlo: “Tú estás a lo tuyo. No te fijas si hay cuatro o cinco examinadores, lo haces, acabas, saludas, te llaman, te preguntan…”, responde con total naturalidad, antes de hacer una demostración práctica de cómo fue su examen. Las preguntas finales de los examinadores estaban dirigidas a sus sentimientos, a lo que él respondió: “Me siento con una fortaleza, una riqueza, una pasión, un orgullo... También me preguntaron si me dolían las piernas. ¡Uf! En ese momento no sentía nada”.

familia orgullosa. La pasión por el karate hacen de José una persona diferente, muy alejada del estereotipo de hombre jubilado, lo que enorgullece sobremanera a sus más allegados: “Mi mujer está muy orgullosa, y mis nietas, que son tres soles, también”. Cuando ve a coetáneos suyos abandonados, reconoce que “si les conozco les digo: ‘Vaya cómo os estáis poniendo’. Veo a gente más joven que yo en mi pueblo que parece un saco con patillas”, bromea.

Aún saboreando las mieles de su éxito en el último examen, José no quiere plantearse de momento más retos a corto plazo, aunque asegura que seguirá practicando karate y acudiendo al gimnasio Complutense mientras pueda, como todos los días desde hace 17 años: “No sé si haré el tercer dan. Es posible que sí; es posible que no. El tercero es muy rápido, y el segundo ya me ha parecido que era mucha tela”, reconoce. Mientras tanto, deja un mensaje a los jóvenes: “¿Por qué no aprendéis? El saber es una riqueza. Deben aplicarse en el deporte y los estudios”.

"Es un guerrero"

Javier Gómez, su profesor de karate, sólo tiene palabras buenas para José Juan Romo, uno de sus discípulos favoritos: “Es un guerrero, no un deportista. Con 70 años el hombre lo da todo por progresar, por aprender y no se da nunca por vencido. En el gimnasio tenemos mucha gente así”, comenta ufano.

“La gente mayor que hace artes marciales es muy fuerte mentalmente. Es eso lo que les da calidad de vida, ese espíritu de no quedarse parado ni ponerse límites más allá de los lógicos”, analiza sobre la longevidad de los asiduos al gimnasio Complutense.

Además, reconoce que muchas veces tiene que parar a José, porque su empuje y su ilusión por seguir progresando no tienen comparación posible: “A lo mejor puede hacer 200 o 300 abdominales seguidos, sin exagerar. Los chavales de veintitantos años seguro que no aguantan tanto. Estoy convencido. Le mando una voltereta y José da volteretas. Entrena muy duro físicamente”, revela.

Así es José Juan Romo, un alcalaíno con muchas ganas de seguir aprendiendo, porque la edad no quiere decir que no se pueda. En su caso, está más que demostrado que es al revés.

Fuente. http://www.diariodealcala.es

Buscar en KARATE-DO NEWS

Búsqueda personalizada