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08 mayo 2010

Takeshi se vino con su katana


En Japón el iaido (el arte que desarrollaron los samurais con sus katanas) es casi como los toros en España. Las artes marciales forman parte del día a día de los nipones. Y para Takeshi Sato fue inevitable su relación con esta forma de vida... y muerte.
Su padre es uno de los maestros más reputados del país en esta disciplina de la espada japonesa y no le quedó más remedio desde muy pequeño que aprender esta especialidad. «Lo llegué a odiar. Mi padre me obligaba de pequeño a ir a entrenar todos los días. Hasta los que estaba constipado o tenía fiebre me decía que tenía que mejorar».
Hoy, Takeshi es un tipo de aspecto fornido, pero su fuerza más destacada es la interior. «Ahora le agradezco a mi padre todo lo que hizo conmigo. Esos entrenamientos enfermo me han dado fuerza para la vida normal». Takeshi tiene otra pasión, la vela, y cuando navega con mareos y mal tiempo con el agua calándose en la ropa saca la corteza que fue desarrollando de pequeño.
Los japoneses son tipos de una mentalidad férrea. Su fuerza está en su cabeza y les permite ir un grado más allá en el esfuerzo que el resto. Takeshi se lo quiere inculcar a sus alumnos españoles: «Lo más importante para mí es que mis alumnos sean capaces de tener dureza mental y conseguir mayor concentración en el iaido. Eso es lo importante porque lo de la katana no vale para mucho (dice con una sonrisa picarona) porque si alguien te quiere atacar qué puede hacer una katana contra una pistola...»
Lo de la dureza mental cree que lo conseguirá, pero la concentración piensa que no va mucho con los españoles: «Hay veces que se ponen a charlar y eso no está bien. Tengo que decir que se callen».
La disciplina es principal. Al tatami nadie entra mal vestido y, por supuesto, nada de collares, pendientes ni colgantes. Y nadie se va sin mostrar sus respetos al maestro.

En Valencia, el iaido es algo aún más extraño que la nieve. Pero Takeshi se las prometía más felices cuando llegó a España empujado por su mujer: «Pensaba que España sería un buen sitio para dar clases de este arte marcial porque hay mucho cruce cultural y pensaba que la gente se pelearía más. Pero la verdad es que me equivoqué».
Takeshi llegó a Valencia cuando él y su mujer, Gloria, decidieron dejar el mojado Manchester por otro lugar. «Ella quería venir a España y la otra opción era la de ir a Japón, pero allí la vida es bastante dura, por lo que decidimos venirnos a Valencia y me serviría para aprender español».
Los principios fueron bastante duros, en los del iaido, no en lo profesional porque consiguió rápidamente un trabajo en el Club Náutico de Canet de marinero y, ahora, en el varadero del club. Quería dar clases: «Tomé un listín de teléfonos y las direcciones de todos los gimnasios. Fui una a uno a ofrecerles mis servicios y llevaba mi katana. Pensaban que estaba buscando un profesor y yo les decía que vieran mis brazos que son fuertes y que yo era maestro». Al final se hizo un hueco en el gimnasio Budokwai y comenzó a reclutar alumnos que llevaban mucho tiempo esperando la llegada a Valencia de un maestro en esta especialidad.
Takeshi ya cuenta con un grupo de 18 alumnos aunque hace distinción: «De esos unos diez son buenos alumnos porque siguen con regularidad las clases. Los otros ocho no ponen tanto esfuerzo y no avanzan mucho». Entre los que le siguen está Toni, un chaval de trece años enamorado de todo lo japonés y que hace dibujos de manga. Precisamente en una muestra de estos cómics japoneses conoció a Takeshi y se apuntó a sus clases. El maestro le cuida como un niño durante las clases y fuera de ellas: «Por favor en la foto del reportaje intenta que salga Toni, mi primer alumno joven»...

Fuente: http://www.lasprovincias.es/

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