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03 mayo 2010

El karateca de Alzira Ferran Gandia prepara el Campeonato de Europa tras su quinto título nacional consecutivo


Ferran Gandia, karateca alcireño de 25 años, termina de revalidar por quinto año consecutivo el Campeonato de España de shinkyokushinkai celebrado en Logroño, donde también obtuvo los trofeos especiales al KO Más Rápido y al Competidor Más Técnico. Reclama mayor apoyo al deporte base para que los más pequeños se formen en valores y disciplina. Echa en falta un reconocimiento local a los éxitos deportivos nacionales e internacionales de los karatekas alcireños. En este momento se prepara para el Campeonato de Europa en Ibiza donde termina de ser destinado como agente de la Guardia Civil.

¿Cuando se inició en el karate y por qué este deporte y no otro?
Tenía nueve años y elegí este deporte porque me gustaban mucho las películas de Van Damme y vi que me atraían las artes marciales.
Sin embargo, le costó adaptarse a la disciplina.
La verdad es que al principio lo pasé mal porque era un crío muy vergonzoso y retraído, por lo que no me acoplaba a ningún gimnasio, hasta que llegué al actual centro donde conocí a las personas que me hicieron sentir a gusto y confiado, mis grandes amigos Lorena y David. Y, sobre todo, fue trascendental encontrar a una persona como shihan Leo, que como persona y como maestro ha marcado toda mi vida deportiva e incluso personal.


En su palmarés se cuentan dos campeonatos de España junior, cinco consecutivos sénior, integrante de la selección española de karate en el Campeonato del Mundo, destacados triunfos en torneos internacionales…
Y a pesar de eso, ni mis compañeros que han obtenido primeros puestos en el ámbito nacional, ni el gimnasio Leo Centre Sportiu que en el pasado mundial aportó dos de los cuatro karatekas de la selección nacional, ni yo, hemos recibido ningún reconocimiento local. Y no es que piense en clave de protagonismo, sino desde un punto de vista de divulgación, de promoción del deporte, de que los más pequeños vean en el karate o en cualquier otro deporte una alternativa sana a la cada vez más absorbente tendencia de las maquinitas y juegos electrónicos.


De algún modo, ¿es una reivindicación?
Es una llamada de atención a las autoridades municipales para que aprovechen el filón de karatekas locales que tienen en Alzira y lo utilicen como ejemplo de esfuerzo, ilusión y espíritu de superación. Y, sobre todo, porque te forma como persona en valores y te aporta una disciplina que es la base para llegar a alcanzar cualquier objetivo que te marques en la vida. La verdad es que echo en falta ese reconocimiento y ese apoyo, incluso económico, que merece el karate en el ámbito local.
¿Se puede vivir de este deporte?
En absoluto. No sólo no se puede vivir, sino que te cuesta dinero. La única alternativa relacionada con el karate es tener tu propio gimnasio, pero a mí me ha costado dinero. Ahora, la Federación Nacional ya me paga desplazamientos y dietas para salir al extranjero, pero yo he tenido que buscarme tres trabajos para costearme viajes, dietas…, pero cuando te apasiona algo como a mí el karate, lo das todo.
Entre tus compañeros tiene fama de tener una personalidad difícil…
Yo me definiría como una persona de carácter explosivo. No tengo un término medio. Cuando me propongo algo lo doy todo, al cien por cien, en cualquier faceta de mi vida. Y ese espíritu me lo han inculcado dos personas muy importantes en mi vida: mi madre y mi maestro. A los 16 años hice mi primer Campeonato de España en la modalidad de contacto. En el primer combate dieron empate y ya no quise afrontar el siguiente. Me retiré por miedo, no tuve valor. Eso fue una gran ofensa para mí personalmente y lo mismo pensé de cara a mi maestro. Le había fallado. Tenía una deuda con él y conmigo mismo.
¿Y cómo saldó esa deuda?
Me hice la promesa de demostrar hasta dónde era capaz de llegar para no defraudar a la gente que había confiado tanto en mí. No me hubiera encontrado bien conmigo mismo. Así que decidí no acudir al Nacional del año siguiente y prepararme durante dos años para ir a ganar. Lo hice a conciencia, trabajando muy duro. Y así fue. Gané los tres primeros combates y la final contra otro karateca de Carcaixent que pesaba 15 kilos más que yo.


¿Cómo recuerda aquel momento?
Es una sensación difícil de transmitir, pero lo que recuerdo es que en aquel momento lo que pasó por mi mente fue que era la recompensa a un esfuerzo. Si no hubiera alcanzado mi objetivo, seguramente me habría retirado de la competición por aquello de que tengo una personalidad explosiva. Me muevo en los extremos. Me sirvió también para creerme que quien quiere, puede.
¿Tiene la sensación de vivir una juventud distinta a la de sus amigos por lo que al tiempo de ocio se refiere?
Es indudable que si quieres estar en la élite de cualquier deporte tienes que renunciar a muchas cosas. Yo he procurado siempre cuidarme y sabes que no debes abusar del alcohol, nada de fumar, y el gimnasio se convierte casi en tu segunda casa. Pero tiene su recompensa. Es una filosofía de vida que te inculca disciplina, te ayuda a ser constante y responsable. Por eso me gusta estar con los chavales que comienzan, ayudándoles, dándoles confianza y apoyo. Me siento muy identificado con ellos porque recuerdo mis inicios.
¿Recompensa tanto esfuerzo?
Por supuesto. No a nivel económico pero si en el plano personal. Prueba de ello es que con 18 años fui el primer karateca español que estuve tres meses en Japón para perfeccionar mi técnica. Y para eso tuve que trabajar en tres sitios distintos durante un año para poder pagármelo: de camarero, repartidor de pizzas y los fines de semana en una gasolinera. Además, también tuve que vender la moto.
En este momento está destinado en Ibiza como Guardia Civil después de su paso por la Academia de Cabos, Guardias y Suboficiales de Baeza. ¿Es un inconveniente en su preparación de cara al próximo europeo?
No creo, porque llevo mi propio entrenamiento, a pesar de que en Ibiza no hay ningún gimnasio de shinkyokushinkai. Además, va a estar conmigo un shinkyokushinkai argentino, Mario, que conocí en Japón y que me ayudará en la preparación.
¿Cómo se encuentra ante la cita europea el próximo mes de junio en Logroño?
La verdad es que me encuentro en el mejor momento de mi vida deportiva y personal. Entreno porque me gusta. Ya no tengo la presión del principio, aunque el hecho de mantener un nivel para ser campeón de España los cinco últimos años hace que sientas cierta responsabilidad sobre tus espaldas. Pero pienso que esa presión es hasta necesaria para salir al tatami.
¿Su objetivo más inmediato?
Preparar el Campeonato de Europa y alcanzar el mejor resultado desde la premisa de que lo voy a dar todo, el cien por cien. Los años que me quedan los tengo que aprovechar. Creo que hasta los 30 puedo estar ahí en primera línea, aunque como me dijo en una ocasión el presidente de la Federación Nacional, Juan Carlos Escalera, lo difícil no es ser campeón sino mantener el nivel de campeón.
¿Y cuál es su secreto para seguir en esa línea?
Mi pasión por el karate, mi espíritu competitivo, mi deseo de que este deporte tenga el reconocimiento de los alcireños que se merece y que la gente joven tenga una motivación que enriquezca su vida. Y, por supuesto, rendirle el mayor tributo a mi maestro, que siempre me ha comprendido y siempre ha sabido controlar ese punto de rebeldía que llevo dentro. Y a mi madre, pues sin ella no sería lo que soy. Familiarmente es la única persona que ha estado siempre conmigo, que ha sufrido, que me ha ayudado económica y moralmente, cuando me ha visto llorar después de una lesión. Le estaré agradecido toda la vida.
¿Echa de menos Alzira?
La verdad es que todavía me estoy acoplando aquí en Ibiza pero hay buen ambiente laboral y apenas tengo tiempo de pensar después del trabajo y el entrenamiento. Pero sí echo de menos a mi gente, a mi madre que ahora lleva el bar-restaurante Can Pepe, frente al polideportivo Fontana Mogort y, ¡cómo no!, a mi compañero y amigo David Bosch, que quedó tercero en el Campeonato de España y con quien estoy muy compenetrado. Él es quien está a pie del tatami cuando compito, quien me grita, me dirige, me anima… es el único que oigo cuando estoy en combate. Es también una gran persona. A ellos les debo todo.
Fulgencio Torremocha

Fuente: http://www.elseisdoble.com

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