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01 abril 2010

Suichi Saito El gran maestro y las pruebas de la vida. «No quiero venir al gimnasio con 70 años apoyado en un bastón»


Es uno de los grandísimos maestros del kárate en esta ciudad. De los más antiguos y venerados también. En las paredes de su gimnasio hay recortes de periódico que anuncian su llegada a Donostia allá por 1975. Y en la foto que acompaña esta charla sostiene entre sus manos otra en la que está con sus alumnos en la vieja playa de Gros. Era invierno, levantaba el día y hacía frío. Suichi está ahora en Japón visitando a su madre, herida ya por los años.
- Me dijeron que pensaba ya en la jubilación, maestro.
- ¿Yo? En absoluto. Tengo sólo 60.
- Pero sus rodillas...
- Hace mucho que los médicos me advirtieron que si no dejaba de hacer kárate me quedaría en una silla de ruedas. Me operaron del cartílago. Y de los meniscos, pero estoy en pie. He practicado mucho. Enseñado mucho. Combatido mucho. He caminado el camino hacia la perfección que propone el kárate. Es lógico que el cuerpo se resienta. Me operaron de cáncer también. Son pruebas que te pone la vida. Y tú has de plantarles cara. La mente es poderosa y manda sobre el cuerpo. Mi relación con el kárate ha evolucionado con el tiempo pero quiero medir hasta dónde puedo llegar todavía. Tengo también que demostrarles a mis alumnos que es posible. Dejarles claro que todo es cuestión de un juego de energías.
- Dice que no quiere entrar por la puerta de su gimnasio a los 70 años apoyado en un bastón.
- No, no quiero.
- Tampoco sería tan terrible, ¿no cree, maestro? Depende de cómo se lleve el bastón. Al fin y al cabo, la Esfinge dijo...
- Tienes razón. El Enigma de la Esfinge aparece en todas las culturas: ¿Cuál es el ser vivo que al nacer anda sobre cuatro patas, al crecer sobre dos y al envejecer sobre tres?
- Nosotros, claro. Gateamos, andamos y al final de nuestro tiempo nos apoyamos sobre un bastón.
- No he pensado qué pasaría si tuviera que andar con bastón. Acaso nada. El kárate es un camino. Un camino que te hace descubrir y utilizar las energías de tu interior. Es eso lo que se aprende sobre el tatami. Cierto que muchos se preparan para la competición, para conseguir medallas. A nosotros, a mis alumnos y a mí, siempre nos gustó más aprender a superarnos continuamente. Tanto en lo físico como en lo mental. Nos entristecería pensar que nuestras energías estén muriéndose en nuestro interior.
- Pero la energía no muere, maestro. Se transforma...
- La nuestra se muere. Se muere si no la usas. Si no la desarrollas.
- Habla mucho de usted en relación a sus alumnos. ¿Por qué?
- Aunque sean ellos los que han de superar las pruebas de la vida y caminar su camino, siempre, o al menos al principio, deben tener la imagen del maestro cercana. Para reflejarse en ella. Para seguirla. El alumno aprende en la espalda del maestro.
- Eso otorga gran poder al maestro. O acaso la responsabilidad le provoque un vértigo insuperable.
- Ni lo uno ni lo otro. Cuanto más buscas y aprendes más fuerte te haces. Y al mismo tiempo, más modesto te vuelves.
- Hablamos unas horas antes de que parta para Japón a visitar a su madre. ¿Cómo puede estar tan tranquilo?
- Ni siquiera he hecho las maletas. Voy cada seis meses. Es mi país reencuentro a los míos. En el año 2012 llevaré a unos alumnos y los presentaré a mis compañeros de la Universidad donde yo empecé a practicar kárate.
- ¿Qué opinarán en el campus de Nanzan, en Nagoya, de todos esos vascos que buscan el camino del kárate, el 'karate-do'?
- Mis compatriotas acostumbran a dudar de que los occidentales puedan resistir la dureza del kárate. Su búsqueda, su gran exigencia física. Pero les demostraremos que caminamos en la dirección correcta.

Fuente: http://www.diariovasco.com

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