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24 enero 2010

Kumite básico: Biomecánica y Cultura


El estudio del combate cuerpo a cuerpo ha ido cambiando en el transcurso de la historia de la humanidad, dependiendo de los procesos culturales y sociales en que se desarrolla, características geográficas en donde se vive y la tecnología del momento. Además cabe destacar que son muchos los factores que lo hacen evolucionar y establecerse en su momento histórico con características que lo llevan a la búsqueda de la eficacia en una constante evolución marcada con el margen de movimiento corporal, estipulado por nuestra natural condición biomecánica.

El karate-do, sistema de combate originario de Japón, es un ejemplo de cómo la influencia cultural influye o puede influir en los movimientos técnicos de un sistema de lucha cuerpo a cuerpo.

El Kumite básico desarrollado por el karate-do en sus versiones de gohon kumite, sanbon kumite, ippon kumite, kaeshi ippon kumite, jiyu ippon kumite, okuri kumite, y por extensión el shiai kumite, , happo kumite, etc. se caracterizan por su elaborada y minuciosa manera de estudiar el movimiento respecto al combate, orientado a la práctica y revisión de la distancia, el timing, la precisión, el movimiento de las extremidades superiores e inferiores, el centro de gravedad, la adaptabilidad física y emocional dependiendo de las características del oponente, puntos vitales, valores emocionales, concentración mental, velocidad de reacción entre otros factores importantes en la lucha cuerpo a cuerpo.

Este argumento tan amplio en contenido y en dificultad de aprendizaje en que cada una de sus partes se sostienen y se respaldan entre ellas, construyen un conjunto educado y controlado de movimientos corporales que intentan preparar al karateca para enfrentar la realidad del combate pero consiente que esta tiene la dificultad de las circunstancias y el interés ferviente del oponente por vencer. Las técnicas de defensa y ataque del karate-do surgen exactos con énfasis en posturas estables, golpes apoyados en el giro de la cadera, patadas con una total expansión del cuerpo, buscando siempre eficacia y exactitud. El karate-do se plantea con movimientos sin aditivos y se nutre de valores fundamentales de la nación nipona como lo son el honor, la lealtad, armonía, valentía, amor a su patria y un alto sentido de la sobrevivencia.

La misma historia japonesa muestra una cultura austera, ser una isla rodeada por la inmensidad del mar sin saber cuando un movimiento telúrico dejará en el piso pueblos o ciudades enteras indiscutiblemente templa el espíritu y condiciona la sintaxis mental de la nación hacia un constante estado de alerta. Lo perenne se observa como ilusorio, sólo la certeza de lo perecedero abrió en Japón el ánimo a lo efímero. El karate-do no tiene adornos, muchas veces sus argumentos técnicos dejan al descubierto importantes partes del cuerpo, la victoria no siempre espera la salvación: "La flor de cerezo es hermosa en ese instante, cuando cae."

El exigente código militar y filosófico que impusiera por varias centurias la casta samurai marcó los protocolos sociales y de conducta tanto de guerreros como de los demás integrantes de la sociedad, incluso de sus detractores y enemigos. Para vencer había que conocer las costumbres del oponente. Que mejor caso que el espíritu de sobrevivencia y orgullo de Okinawa, en donde se construyeron los cimientos del karate-do.

El Bushido llevó al máximo pedestal lo efímero de la vida y la intensidad de vivir en el ahora que propone el budismo zen. La técnica corporal del combate surge segura, ya sea en lo que respecta al karate-do como en otros sistemas de lucha japonés, como por ejemplo el kenjutsu.

El karate-do no está pensado para durar. Debe ser rápido, un instante entre reacción y eficacia sin importar descubrir de manera notoria alguna parte del cuerpo. No por ingenuidad los antiguos guerreros sacrificaban la seguridad corporal por un ataque de máxima potencia y entrega total. La determinación japonesa no es física, fue fraguada por el Shinto que los vincula con deidades y establece su estrecha relación con la tierra y sus diferentes ciclos. Por otro lado el Budismo les otorga la constante renovación de la vida y les propone el despertar sin dogmas, sólo por el descubrimiento directo y personal de la realidad.

Recordemos además que en el Japón medieval el honor era un bien absoluto. Muchas veces se anteponía perder un combate antes de poner en tela de juicio el honor personal o el de la familia. No bastaba con ganar la lucha, había que ganarla según el protocolo del contexto social de la época. En esta sociedad en donde el orden social firmemente impuesto le daba color a la responsabilidad que cada individuo tenía con la comunidad, es donde surge el karate-do. En Okinawa se alimentó con el secreto y con un ánimo contestatario. Luego, al ser aceptado como Budo, se reafirma en el sentir plenamente japonés.

El kihon de combate no busca ser una medida inescrutable, sólo busca construir los cimientos elementales para pulir la biomecánica de lucha y el soporte mental. Copiar y ejecutar un movimiento de karate-do en el plano corporal no basta para entenderlo, es necesario conocer su contexto cultural, lo que implica que al confrontarlo con el nuestro no siempre estarán de la mano y este encuentro debería permitir una importante revisión en el nivel pedagógico y de efectividad del karate-do, además de ofrecer un nuevo caudal de evolución.


Autor: Sensei Darwin Rojas, director de Karate Do Showakai Venezuela

Fuente: http://www.redmarcial.com.ar

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