
El campeón panamericano de La Habana 1991 hizo cambiar los aportes a los atletas de elite en Chile, ya que cuando ganó la presea dorada en carreras en patines, sorprendió a todos. Hoy vive y trabaja exitosamente en Venezuela.
Hay un viejo dicho que dice “nadie es profeta en su tierra”. Pues bien, cae perfecto en el medallista de oro de los Juegos Panamericanos de La Habana 1991, Francisco Fuentes, un chileno que sorprendió en aquella oportunidad con la primera de las dos únicas preseas doradas que Chile ganó en la isla. En ese momento, el corredor en patines cambió la historia del deporte amateur del país, pues como nadie esperaba su éxito, ello obligó a las autoridades de la en ese entonces Digeder, hoy Chiledeportes, a reformular su política de ayuda.
Dieciséis años después, en los Panamericanos de Río de Janeiro 2007, de nuevo Fuentes sorprendió a los chilenos, pero esta vez como entrenador de la selección de Venezuela de patín carreras.
Hoy continúa a cargo del equipo del país de Hugo Chávez, y está contento allá. Pero no sólo eso lo tiene feliz, sino que también la vida de su primogénito, Mauro, campeón panamericano juvenil y de Chile de kárate, quien se ha abierto solo camino en el duro tatami de las artes marciales.
-Francisco, ¿por qué te fuiste de Chile a Venezuela?
-Uno siempre quiere dar lo mejor en la vida en lo que realiza o practica. En 1997, cuando decidí terminar mi carrera deportiva, tuve la posibilidad de ser técnico en la selección nacional. Lo fui de 1998 y 2002, con el patinaje chileno en su mejor momento a nivel mundial, realizando procesos de trabajos que llevaron a la obtención de medallas en el Mundial de 1999, algo sobresaliente. Lo mismo se produjo en el Mundial de 2000 en Colombia, donde le ganamos a los dueños de casa. Esos resultados permitieron que el actual presidente de la Federación de Patinaje de Venezuela, Fabián Arcila, me contactara para ir a trabajar con la selección de ese país.
-¿Fue difícil partir y dejar a la familia?
-Sí. El que más sufrió fue mi hijo Mauro, quien tuvo que salir adelante solo y sin ayuda, salvo la de sus entrenadores y la familia. Lo que hoy es Mauro es sólo por su entrega al deporte. Él tiene mucho respeto, entrega, dedicación, esfuerzo, sacrificio por su deporte, todo lo que yo en algún momento tuve y sigo manteniendo. Me siento orgulloso de que mi hijo siga entregando todo a cambio de nada por Chile. Él comenzó de la nada y hoy es todo un campeón.
-¿Qué significaste para Chile como patinador y deportista de elite?
-Creo que fue el inicio de la época de los deportistas de elite. Después de que gané la medalla de oro en los Juegos de Cuba, empezó una nueva era para los deportistas. Los dirigentes se enfocaron a las ayudas y al trabajo en los distintos procesos con cada uno de los deportistas. Si no se hubiese afrontado esa realidad como realmente se hizo, no habría habido un cambio. En mi época hubo poca preocupación por parte de la entonces directivos de la Federación y de los mismos personeros del Comité Olímpico, los que luego se quisieron subir al carro de la victoria conmigo, cuando todo era un esfuerzo personal. Ellos quisieron mostrar que la medalla era del COCH y de la Digeder de ese entonces. Lo que hoy tienen los deportistas de elite en Chile se debe en parte a que nosotros hicimos hincapié en esos años en la poca preocupación directa e indirecta hacia el deportista de alto rendimiento. Y fui el precursor de que mi disciplina sea lo que es hoy en día.
-¿Cuántos años practicaste patín carrera y qué te dejo la actividad?
-La desarrollé por más de 20 años, de los cuales 18 años fui seleccionado nacional. Representé a Chile en ocho Mundiales, cuatro Panamericanos, ocho Sudamericanos, y varios otros torneos internacionales, obteniendo desde títulos mundiales hasta panamericanos. Dentro de las grandes cosas que mi deporte me dejó están la constancia, le entrega, la dedicación, el profesionalismo y la responsabilidad, enseñanzas que hoy transmito a todos los que pasan por mis procesos de trabajos. Pero lo que más me tiene orgulloso es la capacidad que tuvo mi hijo de poder retroalimentar sus condiciones deportivas y psicológicas para poder afrontar su deporte en y así llegar a ser el mejor en su especialidad, el Karate.
-¿Qué estás haciendo en la actualidad y cómo estás familiar y económicamente?
-Desde 2007 trabajo en Venezuela. Estoy a cargo de la selección de patinaje de ese país, con excelentes resultados internacionales. En lo familiar siempre es una complicación muy grande tener que dejarla de lado. Pero el que más le ha sacado provecho a esto es mi hijo Mauro, ya que Venezuela tiene un nivel mundial en el Karate, y eso le ha permitido entrenar en los periodos de vacaciones con los mejores exponentes y mejorar en los aspectos técnico, táctico y físico. Estoy ganando un sueldo que me permite vivir tranquilo, poder darme mis gustos y ahorrar.
-¿Cuál es tu opinión sobre el momento actual que está viviendo el patín carrera en Chile?
-Está pasando por una gran crisis, que deben asumirla todos los entes que lideran el patinaje en Chile, donde no hay un plan de desarrollo. Mientras no se sienten todos para ver qué está pasando, no habrá progresos. Y eso que hoy el patinaje es una actividad que produce medallas a niveles Panamericano y Odesur, y próximamente en los Juegos Olimpícos.
-¿Por qué siempre hay tantos líos y roces entre los corredores chilenos?
-Creo que se han vuelto tan competitivos los procesos de selección, que todos buscan las mejores y las peores armas para subir su rendimiento deportivo. Se sabe que hay técnicos en el patín carrera que están al filo de la navaja con la ayuda ergogénica, pero siempre se ha querido ocultar. Es por eso que se producen todos esos roces deportivos, porque hay algunos que se sienten protegidos y otros, desprotegidos. Lamentablemente, hay deportistas que caen en manos de entrenadores inescrupulosos que siempre se sienten protegidos.
-¿Piensas volver a Chile?
-Todos los que estamos fuera siempre tenemos en mente volver a reanudar nuestras actividades y retomar nuestra vida. Pero aún me falta por cumplir algunas metas en Venezuela, como tener un campeón mundial. Si los resultados no se dan, será tiempo de regresar para afrontar un desafío en Chile que permita retomar el lugar que mi deporte tuvo en algún momento.
MAURO FUENTES: “MI PADRE ES MI META”
A los 21 años, Mauro Fuentes está feliz como karateka. En algún momento, y presionado por su padre, practicó el patinaje, pero lo dejó al poco tiempo. No era lo suyo. Luego jugó fútbol, como su abuelo, que fue profesional y llegó a ser arquero en el The Strongest de Bolivia en los 70. Después probó suerte como piloto de motocross, pero su progenitor no podía acompañarlo siempre, lo que era vital para continuar. Hasta que descubrió las artes marciales hace seis años, actividad que siguió y de la que ya posee títulos panamericanos, sudamericanos y nacionales.
Pero tiene una sombra, y esa es la de David Dubó, el campeón mundial 2008 en menos de 75 kilos, que hoy está compitiendo en los Juegos no Olímpicos.
“Me gustaba el patín, pero me lo inculcaron casi a la fuerza. Mi papá quería que fuera el mejor, lo que me presionó mucho cuando estaba entre los 10 y 12 años. Pasé por otras actividades hasta que ingresé a una escuela formativa de karate, Más que pelear era recreativo practicar, y me gustó.
-Tuviste la mala suerte de encontrarte con Dubó, que es muy bueno y campeón mundial...
-Sí, pero no hay mucha diferencia. Una vez nos enfrentamos y perdí en un fallo dividido que dejó sus dudas Pero en fin, él tiene los títulos y está más arriba que yo en el ranking. Ahora me estoy preparando para llegar al más alto nivel y obtener un título mundial en mi categoría de menos 75 o bien en la Open, en las cuales compito.
-¿Qué ha significado tu padre para ti?
-Él es mi meta, por todo lo que consiguió. Fue figura, y espero emularlo en mi deporte. Para ello estoy trabajando firme. De hecho, dos veces al año voy a Venezuela a entrenar con los mejores del mundo, pues ellos tienen un alto nivel.
Fuente: http://www.triunfo.cl

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