
Furriol rememora rápidamente la historia de cómo fue el desembarco del arte marcial a nuestro país, apenas pasada la mitad de los años sesenta. Cuenta que el sensei Itaya fue el primer profesor enviado desde el Japón a nuestro país para enseñar karate y que lo difundió en su época de manera muy activa, logrando formar un grupo de karatecas que siguen trabajando todavía hoy. “Muchos de los alumnos más avanzados, los profesores más antiguos, son los que formó Itaya”, señala Furriol. Itaya llegó a la Argentina en 1967 y, si bien tuvo poco tiempo para trasmitir su conocimiento -falleció en 1972 en un accidente de automovilístico-, hizo un trabajo muy importante. En reconocimiento al difusor pionero del arte marcial en nuestro país y en la región, el torneo lleva su nombre.
“Hace dos o tres años la copa bajó su edad y permitió la participación de juveniles. Siempre se hacía para adultos y por una cuestión de nivel técnico -era solamente para cinturones negros- no podíamos participar”, relata el profesor de la Escuela de Karate Do Shotokan. Cabe señalar que se trata de una competencia que se hace a nivel de clubes y que esta es la segunda intervención de los artistas marciales a cargo de Jorge Furriol en el certamen. Porque, como explica, “hasta ahora, nuestra escuela siempre tomó parte en los certámenes nacionales a través de la selección santacruceña”. No es, sin embargo, poca cosa, sobre todo teniendo en cuenta que les ha ido bastante bien en este viaje.
“El año pasado participamos por primera vez en categorías juveniles, y éste fuimos con tres juveniles y un adulto senior (porque también está contemplada esa categoría para las personas desde los 40 años en adelante). Esta vez llevamos una delegación de cuatro artistas marciales, pero trataremos que el año que viene el grupo sea más numeroso”, propone el instructor que desarrolla su actividad en el club Hispano Americano de Río Gallegos. Pasando a lo netamente competitivo, la delegación de la Escuela de Karate Do Shotokan Dojos Bushido tuvo su punto más alto en la rama femenina y fue por obra de la juvenil Rosario Pazos.
“Todos los chicos que obtuvieron premios están en la Selección Argentina (de Karate), porque clasificaron este año para ir al Sudamericano de Karate que se va a hacer en Santiago de Chile, en el mes de septiembre. Son Diego Furriol y Rosario Pazos”. Ellos ya tenían experiencia compitiendo y de alguna manera se puede decir que fueron al torneo ya no con el afán de participar, sino más bien con el hambre necesario para ganar algo.
Tampoco hay que olvidar que, más allá de los resultados, este tipo de actividad les viene bien a los chicos para entrenarse de cara a septiembre, es decir, para el Torneo Sudamericano. Rosario Pazos obtuvo el primer lugar en Kumite, ganándole en la final a una artista marcial uruguaya. En Kata, en cambio, clasificó cuarta. Por otra parte, Diego Furriol finalizó segundo en las dos categorías en las que participó, en Kumite y en Kata.
“La participación de ellos fue muy buena”, sostiene Furriol respecto al desempeño de los suyos. La otra karateca que viajó fue Daniela Boniface, que hacía su primera experiencia en una competencia a este nivel. Daniela no logró pasar las primeras rondas, pero de todos modos, como señala su instructor, “para ella queda el saldo positivo de que sumó experiencia y ya sabe cómo se tiene que entrenar”.
Dojos Bushido incluyó en su delegación a un artista marcial de categoría senior, de 58 años. “Recalco la edad para que lo tomen como ejemplo los demás alumnos. El participó junto a muchos competidores de todo el país, incluso con algunos de Uruguay, que demostraron que siendo adultos se puede competir igual”, evalúa Furriol. Pero yendo a lo estrictamente personal, el profesor está en medio de una etapa particular de su carrera, en el cual mira los enfrentamientos desde afuera. “Yo estuve como juez.
Por ahí lo que uno puede hacer en esta etapa, aparte de profesor, es ser juez y pienso que después vendrá la etapa de dirigente”, tira el instructor. Y sostiene, sobre el final: “lo que recalcamos es que sería bueno que los adultos nos acompañen, para que los chicos también se sientan respaldados. Cuando uno es juez no puede estar acompañando a los chicos, porque la intervención de uno tiene que ser imparcial. Lo que quiero recalcar es que los chicos estuvieron solos y se las pudieron arreglar”.
Fuente: La opinion austral